Pensar en un restaurante de cocina italiana en Albacete es comenzar a imaginar deliciosos platos de spaghetti alla Bella Helena, tortellini alla boscaiola, rigatoni ai frutti di mare… Humedecer el paladar recordando el aroma de una suave pizza carbonara, calzatore o quatro stagioni… Porque consciente o inconscientemente, nuestra idea de la cocina italiana está siempre asociada a los platos de pasta: lasagna, canelloni, ravioli, pennete, tortellini… Pasta de formas y tamaños variados, acompañada de complementos para todos los gustos.

Normalmente, al comer o cenar en un buen restaurante de cocina italiana en Albacete, pasamos por alto uno de los platos más importantes de su gastronomía: el antipasto. Aunque siendo puristas, al decir antipasto no podemos hablar de un único plato, porque con este nombre se engloban una serie de platos que se toman antes del plato principal de la gastronomía italiana. No es exactamente el aperitivo, sino más bien lo que no hace demasiados años se conocía en España como entremeses y que poco a poco ha ido siendo sustituido por entrantes.

Así pues, al hablar de antipasto nos referimos a un gran abanico de platos: calientes, como las alcachofas fritas o asadas, o fríos, el prosciutto (jamón) de Parma. En ocasiones, muchos restaurantes sirven mezclas de unos y otros ingredientes en un plato de la carta con el nombre genérico de antipasto, mientras que en otros locales ofrecen pequeñas raciones diferentes para que sean los comensales los que hagan su propia mezcolanza.

Para acompañar el antipasto, es costumbre llevar a la mesa panes variados: focaccia, grisini, tostadas o bruchettas y, por supuesto, queso. Los quesos son también ingredientes habituales, tanto los quesos de sabor más potente como el parmesano reggiano, los pecorinos o el asiago, y algunos otros más suaves como burratamozzarella, que combinan muy bien con los embutidos y las verduras. 

Si hemos conseguido despertar tu apetito, ya sabes, reserva tu mesa en La Fontana di Trevi y disfruta de la tradicional cocina italiana.